Potencia emergente cada vez más segura de sí misma y meca del deporte mundial en los años por venir: mucho le sonríe a Brasil, que ofrece sin embargo un lado oscuro de cara al Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río 2016.
"Brasil 2014 & 2016: ¿Samba para pocos?", fue el tema hoy en uno de los debates en "Play the Game", la conferencia que cada dos años reúne a investigadores, dirigentes y periodistas para escudriñar en los pliegues más ocultos del deporte mundial.
La coincidencia fue total entre los panelistas reunidos en la ciudad alemana de Colonia: Brasil tiene la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente, pero está cediendo a las fuerzas del capital y no puede erradicar la corrupción en el proceso de construcción de instalaciones para los dos mega-eventos.
"El modo en que está diseñado el plan maestro de los Juegos de Río 2016 confirma que son las fuerzas económicas las que manejan el asunto", dijo la arquitecta y urbanista Isabela Ledo.
La experta puso el ejemplo de un área humilde en la que viven 4.000 personas, "Vila autódromo", en Barra da Tijuca, uno de los "corazones" de los Juegos. El plan maestro presentó el sitio como un "área verde" sin atender a que allí había gente y no se había hablado con ellos.
"La relocalización no está basada en consideraciones socio-ambientales, sino en una cuestión de segregación socio-espacial", añadió Ledo. "En el plan no hay una estimación de qué comunidades deben ser relocalizadas, de a cuánta gente se afecta ni de adónde irán".
La estadounidense Kimberley Schimmel, profesora de la Universidad de Kent, apuntó directamente al negocio.
"En el año 2004 el 20 por ciento de todos los desalojos a nivel mundial se debió a megaeventos de todo tipo. Las ciudades no se mueven, pero el capital sí lo hace, y sus representantes viven en una burbuja, muy lejos de la comunidad".
Cada candidatura a gran cita deportiva incluye el "legado para la comunidad" entre sus promesas, pero Schimmel denunció que ese "poderoso interés común" que implica organizar un Mundial o unos Juegos "muy a menudo esconde oscuros intereses urbanísticos".
Coincidió con ella Fernando Molica, presidente de la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación.
"En 2007 Ricardo Teixeira (presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol) dijo que el Mundial de 2014 sería financiado por inversores privados. La Asociación Brasileña de la Industria estima hoy que el costo total para las administraciones federal, estadual y municipal será de 112.000 millones de reales (unos 60.000 millones de dólares)".
Molica destacó que el costo de la reforma del legendario estadio Maracaná supera ya los 500 millones de dólares.
Las repetidas acusaciones de corrupción contra Teixeira formaron parte del debate, en el que se aseguró que el periodismo en los medios deportivos brasileños tiene una escasa tradición de apuntar "con vigor a las irregularidades" de las entidades deportivas.
"Creo que tenemos aún mucho que aprender", añadió Ledo, que confesó su asombro por el hecho de que no existiesen manifestaciones anti-Juegos en Río de Janeiro.
¿Pagó Río sobornos para ganar la sede de los Juegos de 2016? La pregunta retumbó en la sala, donde resonó enseguida un "por supuesto que sí".
Pero el matiz llegó enseguida. "Digamos que Río jugó el juego que todos juegan", aseguró Molica.
¿Podrá imponerse Brasil a la FIFA? La presidenta Dilma Rousseff se reunió el lunes en Bruselas con el secretario general del ente rector del fútbol mundial, Jerome Valcke. La FIFA estaba -y está- muy molesta por las leyes brasileñas, que obligan a cobrar sólo la mitad del importe de las entradas al fútbol para los mayores de 65 años y prohibe beber alcohol en los estadios.
Esas leyes son molestas para el negocio de la FIFA, que tiene entre sus patrocinadores a la cervecera Budweiser.
"Crecí escuchando que Brasil era el país del futuro", recordó Katia Rubio, psicóloga del Deporte de la Universidad de Sao Paulo.
"Creo que ya es el país del presente. Podemos hacerlo, y podemos hacerlo de otra manera, apelar a la 'vía brasileña'. La presidente debe decirle a (el presidente de la FIFA, Joseph) Blatter algo muy sencillo: 'Vea, en nuestro país tenemos leyes'".
"Brasil 2014 & 2016: ¿Samba para pocos?", fue el tema hoy en uno de los debates en "Play the Game", la conferencia que cada dos años reúne a investigadores, dirigentes y periodistas para escudriñar en los pliegues más ocultos del deporte mundial.
La coincidencia fue total entre los panelistas reunidos en la ciudad alemana de Colonia: Brasil tiene la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente, pero está cediendo a las fuerzas del capital y no puede erradicar la corrupción en el proceso de construcción de instalaciones para los dos mega-eventos.
"El modo en que está diseñado el plan maestro de los Juegos de Río 2016 confirma que son las fuerzas económicas las que manejan el asunto", dijo la arquitecta y urbanista Isabela Ledo.
La experta puso el ejemplo de un área humilde en la que viven 4.000 personas, "Vila autódromo", en Barra da Tijuca, uno de los "corazones" de los Juegos. El plan maestro presentó el sitio como un "área verde" sin atender a que allí había gente y no se había hablado con ellos.
"La relocalización no está basada en consideraciones socio-ambientales, sino en una cuestión de segregación socio-espacial", añadió Ledo. "En el plan no hay una estimación de qué comunidades deben ser relocalizadas, de a cuánta gente se afecta ni de adónde irán".
La estadounidense Kimberley Schimmel, profesora de la Universidad de Kent, apuntó directamente al negocio.
"En el año 2004 el 20 por ciento de todos los desalojos a nivel mundial se debió a megaeventos de todo tipo. Las ciudades no se mueven, pero el capital sí lo hace, y sus representantes viven en una burbuja, muy lejos de la comunidad".
Cada candidatura a gran cita deportiva incluye el "legado para la comunidad" entre sus promesas, pero Schimmel denunció que ese "poderoso interés común" que implica organizar un Mundial o unos Juegos "muy a menudo esconde oscuros intereses urbanísticos".
Coincidió con ella Fernando Molica, presidente de la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación.
"En 2007 Ricardo Teixeira (presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol) dijo que el Mundial de 2014 sería financiado por inversores privados. La Asociación Brasileña de la Industria estima hoy que el costo total para las administraciones federal, estadual y municipal será de 112.000 millones de reales (unos 60.000 millones de dólares)".
Molica destacó que el costo de la reforma del legendario estadio Maracaná supera ya los 500 millones de dólares.
Las repetidas acusaciones de corrupción contra Teixeira formaron parte del debate, en el que se aseguró que el periodismo en los medios deportivos brasileños tiene una escasa tradición de apuntar "con vigor a las irregularidades" de las entidades deportivas.
"Creo que tenemos aún mucho que aprender", añadió Ledo, que confesó su asombro por el hecho de que no existiesen manifestaciones anti-Juegos en Río de Janeiro.
¿Pagó Río sobornos para ganar la sede de los Juegos de 2016? La pregunta retumbó en la sala, donde resonó enseguida un "por supuesto que sí".
Pero el matiz llegó enseguida. "Digamos que Río jugó el juego que todos juegan", aseguró Molica.
¿Podrá imponerse Brasil a la FIFA? La presidenta Dilma Rousseff se reunió el lunes en Bruselas con el secretario general del ente rector del fútbol mundial, Jerome Valcke. La FIFA estaba -y está- muy molesta por las leyes brasileñas, que obligan a cobrar sólo la mitad del importe de las entradas al fútbol para los mayores de 65 años y prohibe beber alcohol en los estadios.
Esas leyes son molestas para el negocio de la FIFA, que tiene entre sus patrocinadores a la cervecera Budweiser.
"Crecí escuchando que Brasil era el país del futuro", recordó Katia Rubio, psicóloga del Deporte de la Universidad de Sao Paulo.
"Creo que ya es el país del presente. Podemos hacerlo, y podemos hacerlo de otra manera, apelar a la 'vía brasileña'. La presidente debe decirle a (el presidente de la FIFA, Joseph) Blatter algo muy sencillo: 'Vea, en nuestro país tenemos leyes'".

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